No damos capacitación en vivo ni presencial
Construimos cursos en línea y academias que capacitan solas, todos los días. Es otro oficio, y es el nuestro.
Escribimos como habla alguien que ha dado clase y ha fracasado en el intento — y diseñamos igual. Este método salió de años de ver cursos técnicamente impecables que no cambiaban nada. La estructura es simple; lo difícil es respetarla.
Es la estructura narrativa y pedagógica con la que diseñamos cada curso y cada academia: primero la tensión (nombrar lo que no funciona), luego la prueba (practicar y fallar en un entorno seguro) y al final el retorno (volver a la operación con algo usable). Viene del modo en que las personas realmente aprenden un oficio — no del índice de un manual.
Todo curso nuestro empieza donde le duele al que lo toma: la venta que se cayó, el cliente que se fue, la clase donde nadie levantó la mano. Si el participante no reconoce el problema como suyo en los primeros minutos, el resto del curso es trámite. Por eso el diagnóstico no es un formalismo: es la materia prima del diseño.
Esto también disciplina al contenido. Un curso no lleva "todo lo que el experto sabe"; lleva lo que resuelve la tensión elegida. Lo demás estorba — y cortarlo es la mitad de nuestro trabajo.
En el centro de cada curso hay práctica con decisiones: casos, simulaciones, escenarios con consecuencias. El participante se equivoca donde equivocarse no cuesta — y recibe retroalimentación que explica, no que regaña. Mostramos el trabajo sucio: los intentos fallidos enseñan más que el ejemplo perfecto.
Aquí es donde la inteligencia artificial suma de verdad: práctica conversacional, retroalimentación inmediata, rutas que se ajustan a cómo va cada quien. La IA hace el trabajo pesado; el criterio pedagógico — qué practicar, qué evaluar, qué perdonar — lo ponen humanos que han dado clase.
Cada programa termina en una pieza usable: el guion de venta ajustado a tu producto, la planeación de clase lista para el grupo real, el proceso ejecutado sin supervisión. No coleccionamos diplomas: coleccionamos evidencia de que algo cambió en la operación. Esa evidencia es también lo que le reportas a dirección.
Construimos cursos en línea y academias que capacitan solas, todos los días. Es otro oficio, y es el nuestro.
Lo genérico ya lo probaste y ya sabes cómo termina.
Eso no es una academia, es un archivero con contraseña.
La usamos donde suma y la revisamos siempre. Un curso malo generado rápido sigue siendo un curso malo.
Oliver Barona, diseñador instruccional senior: más de 15 años diseñando formación para empresas, editoriales e instituciones — UNAM, Santillana, SM Ediciones, Pearson, Editores Mexicanos Unidos, Talentoría —, más de 120 proyectos entregados, contenidos que han llegado a más de 3 millones de personas y el primer lugar del Concurso Internacional de Creación de Cursos iSpring 2025.
DIsruptIA es la empresa donde ese oficio se vuelve equipo y sistema: diseño instruccional, producción y tecnología bajo el mismo método. Puedes ver el trabajo en los casos y en el portafolio.
Cuéntanos qué quieren enseñar y a quién. Te decimos, con honestidad, cómo lo diseñaríamos en tres actos — y qué entregable tendrías el primer mes.